No hay duda que la Santa Iglesia, Católica Apostólica Romana está pasando por uno de los peores momentos de su historia milenaria, parangonable tal vez a los grandes cismas del pasado.
Por José Luis Pizarro Theiler
No hay duda que la Santa Iglesia, Católica Apostólica Romana está pasando por uno de los momentos más brutos de su historia milenaria, parangonable sólo a los grandes cismas del pasado. ¿Cual será el futuro? nadie lo puede preveer, pero es una realidad que el malestar y la desconfianza crecen y se difunden como tinta en papel secante entre los fieles de todo el mundo.
La última Semana Santa los escándalos que sacuden la Santa Sede han entrado de lleno en las tradicionales ceremonias que en Roma tienen una especial relevancia. Primero porque el Predicador de la Casa Pontificia padre Raniero Cantalamessa, en su homilía de Viernes Santo frente el Papa, leyó en público la carta de un “amigo hebreo”, en la cual decía que “el uso de los estereotipos, el pasaje de la responsabilidad y de la culpa personal a la colectiva, me recuerdan los aspectos más vergonzosos del antisemitismo”. La segunda vez el mismo domingo de Pascua, cuando el Cardenal Ángelo Sodano, Nuncio Apostólico en Chile durante los años de la dictadura, ex Secretario de Estado y actual decano del Colegio Cardenalicio, rompió con un protocolo multisecular pronunciando un inusual discurso. “Toda la Iglesia” está a su lado: “está con Usted el pueblo de Dios, que no se deja impresionar por los ‘murmullos’ del momento”, aseguró. Nunca antes el rígido ceremonial había sido roto de ésta manera, poniendo en evidencia todo el dramatismo que reviste el momento actual.
Ambas intervenciones tuvieron inmediato eco mediático. El Rabino Principal de Roma Riccardo Di Segni, en una entrevista de prensa, afirmó que las palabras de Cantalamessa son “una comparación impropia y una caída de gusto. Es repugnante y ofensivo tanto frente a las victimas de los abusos como frente a las víctimas de holocausto”, mientras el jefe de los judíos alemanes Stephan Kramer fue más allá en su crítica porque consideró la comparación “repugnante, obscena y sobretodo ofensiva frente a las víctimas de los abusos así como frente a las víctimas de holocausto”, agregando “hasta ahora no he visto a San Pedro quemado, ni hay estallidos de violencia contra los sacerdotes. El Vaticano está tratando de transformar los perseguidores en víctimas”.
Tampoco la intervención del Cardenal Sodano dejó impasible la comunidad informativa, como lo destaca el cotidiano romano Il Messaggero. Escribió el periódico “de los Estados Unidos a España, la prensa apunta sus reflectores sobre el mensaje Urbi et Orbi de Benedicto XVI, destacando como mientras el Vaticano, en las palabras de Sodano se cierra en torno al Papa, éste no haya hecho alusión directa a la crisis que está sacudiendo la Iglesia Católica”. Citando al Times y al Guardian de Londres, al Washington Post y al New York Times de Estados Unidos, al País de España, al Figaro de Francia y al Der Spiegel de Alemania, el Mensajero romano destaca la ausencia de un mea culpa del pontífice. Der Spiegel en particular, fue particularmente hiriente al colocar en la portada bajo la foto del papa, el titular “El Infalible”. En el texto se destaca el fracaso del Pontífice en el manejo de las relaciones de la Iglesia con judíos y musulmanes, con muchos católicos y contra los mismos alemanes, que tan estaban orgullosos al momento de su elección.
En Italia los escándalos suman y siguen, porque a los numerosos y dramáticos casos de pedofilia, se suma el caso de Angelo Balducci, Ex Presidente del Consejo Nacional de Obras Públicas Italiano y Gentilhombre de su Santidad (Gentiluomo di Sua Santità, una especie de título), a quién un cantante del Coro di San Pietro de origen nigeriano, descrito como “religioso”, Chinedu Thomas Ehiem, le concertaba encuentros homosexuales pagados (Ver noticia de La Repubblica). Aunque las inclinaciones sexuales del Sr. Balducci, sean homo, bi o hetero no están al origen de sus desaventuras judiciales y son absolutamente legales, respetadas y permitidas, no es jurídicamente aceptable la incitación a la prostitución masculina que trasciende de la investigación en curso. Demás está decir que los honores de Balducci fueron retirados y el corista nigeriano perdió su trabajo, pero el escándalo se sumó a las otras historias.
Hace un par de semanas, en el entretecho de la antigua iglesia de la Santissima Trinità de la sureña ciudad de Potenza, fue descubierto el cadáver de la joven Elisa Claps, desaparecida en 1993 cuando tenía 16 años. El cuerpo momificado, está siendo analizado para tratar de descubrir la causa y el causante de su muerte. Sin embargo lo que la prensa destaca también en este caso que no pasaría de ser crónica negra, es el silencio cómplice del o de los sacerdotes. En efecto, el precedente párroco don Mimi Sabia, muerto en 2008, indicado como “muy cuidadoso en el periódico restauro de su iglesia” aparentemente nunca vio, supo ni dijo nada, habiéndose llevado cualquier secreto a la tumba. El actual vice párroco, don Vagno Silva, ha reconocido en cambio ante los investigadores que sabía de la existencia de los restos en ese lugar, al menos desde inicios de este año cuando fueron encontrados por dos mujeres de limpieza. En esa ocasión don Vagno tuvo la sangre fría de recoger los anteojos de la víctima y ponerlos cuidadosamente al lado del cadáver, pero tampoco dijo nada.
En la Gazetta del Mezzogiorno, se describe la Santissima Trinità como el “sitio del abismo“, o la “iglesia del horror“, que cataliza la indignación popular y “consume las vacilantes certezas de los católicos de la ciudad, ya muy dañadas por las revelaciones internacionales sobre los sacerdotes pedófilos y las inquietantes sospechas que se ciernen sobre el papel del clero en el caso de Elisa”. Hoy la iglesia está secuestrada por las autoridades judiciales.
La situación aparece cada vez más como una bola de nieve imposible de parar y que se acrecienta en cada giro. Se configura una batalla mediática entre la Iglesia por un lado, la que por sus portavoces más autorizados pide perdón y se deshace en explicaciones de porque no hizo lo que debía hacer e hizo lo que no debía hacer, y por otro lado quienes sostienen la necesidad de descubrir los casos y las responsabilidades pasivas o activas de cada uno.
Así por ejemplo, las palabras dichas por el Cardenal Bertone en su visita a Punta Arenas “Es un dolor grande del Santo Padre, ha sufrido mucho por estos casos de sacerdotes infieles a su vocación, a su misión”, se cruzan con la noticia dada apenas un par de días atrás por el semanario alemán Die Zeit el que acusa al mismo Cardenal Bertone de haber sido el principal responsable de ocultar los abusos cometidos contra 200 menores sordomudos por el sacerdote Lawrence Murphy. En un documento “secreto” reproducido por la revista y fechado 30 de mayo de 1998 cuando Bertone era Secretario de la Congregación para la Doctrina de la Fe (el ex-Santo Oficio) se sostiene que hubiera sido imposible actuar “en absoluto secreto sin difundir el escándalo”, ocultando la noticia para “evitar un escándalo [que dañara] a su jefe”, o sea al Cardenal Ratzinger, en esa época Prefecto, es decir la máxima autoridad de la Congregación.
En La Provincia de Lecco, Don Giorgio de Capitani, un cura que publica en Youtube, describe la situación como “un continuo bombardeo de noticias sobre la pedofilia de los sacerdotes. Cada día sale a la luz un nuevo escándalo que en fin de cuentas no es totalmente nuevo, visto que algunos lo sabían desde hace años. La opinión publica, trastornada, siente la necesidad de preguntar y de tener respuestas” que vayan más allá del lugar común. Don Giorgio reconoce que la jerarquía ha guardado silencio o incluso ha cubierto la situación, permitiendo que el crimen se extendiera, coincidiendo en esto con el Cardinale Simonis que en la televisión holandesa habría dicho “sabíamos y no hablamos” como apunta Il Levante On Line de Nápoles.
Todo deriva, según este diario, en que se sentía y se actuaba como si el delito de los sacerdotes fuera sólo un pecado, un pecado carnal cierto, pero un pecado en fin de cuentas, que se resolvía con penitencia y con el traslado a otra parroquia, bajo promesa de no caer más en la tentación. De ésta manera se configuraba un principio en que se perdía de vista quién era el imputado y quién el afectado. Era como si fuera al delincuente a quién había que proteger, y por lo tanto se lo ocultaba, justificaba y perdonaba.
Y sin embargo, lo que muchos católicos se preguntan hoy es porqué la pedofilia se puede perdonar y el aborto no, porque las relaciones pre o extra matrimoniales no, porque el preservativo no, porque los homosexuales no, porque el divorcio no...
La última Semana Santa los escándalos que sacuden la Santa Sede han entrado de lleno en las tradicionales ceremonias que en Roma tienen una especial relevancia. Primero porque el Predicador de la Casa Pontificia padre Raniero Cantalamessa, en su homilía de Viernes Santo frente el Papa, leyó en público la carta de un “amigo hebreo”, en la cual decía que “el uso de los estereotipos, el pasaje de la responsabilidad y de la culpa personal a la colectiva, me recuerdan los aspectos más vergonzosos del antisemitismo”. La segunda vez el mismo domingo de Pascua, cuando el Cardenal Ángelo Sodano, Nuncio Apostólico en Chile durante los años de la dictadura, ex Secretario de Estado y actual decano del Colegio Cardenalicio, rompió con un protocolo multisecular pronunciando un inusual discurso. “Toda la Iglesia” está a su lado: “está con Usted el pueblo de Dios, que no se deja impresionar por los ‘murmullos’ del momento”, aseguró. Nunca antes el rígido ceremonial había sido roto de ésta manera, poniendo en evidencia todo el dramatismo que reviste el momento actual.
Ambas intervenciones tuvieron inmediato eco mediático. El Rabino Principal de Roma Riccardo Di Segni, en una entrevista de prensa, afirmó que las palabras de Cantalamessa son “una comparación impropia y una caída de gusto. Es repugnante y ofensivo tanto frente a las victimas de los abusos como frente a las víctimas de holocausto”, mientras el jefe de los judíos alemanes Stephan Kramer fue más allá en su crítica porque consideró la comparación “repugnante, obscena y sobretodo ofensiva frente a las víctimas de los abusos así como frente a las víctimas de holocausto”, agregando “hasta ahora no he visto a San Pedro quemado, ni hay estallidos de violencia contra los sacerdotes. El Vaticano está tratando de transformar los perseguidores en víctimas”.
Tampoco la intervención del Cardenal Sodano dejó impasible la comunidad informativa, como lo destaca el cotidiano romano Il Messaggero. Escribió el periódico “de los Estados Unidos a España, la prensa apunta sus reflectores sobre el mensaje Urbi et Orbi de Benedicto XVI, destacando como mientras el Vaticano, en las palabras de Sodano se cierra en torno al Papa, éste no haya hecho alusión directa a la crisis que está sacudiendo la Iglesia Católica”. Citando al Times y al Guardian de Londres, al Washington Post y al New York Times de Estados Unidos, al País de España, al Figaro de Francia y al Der Spiegel de Alemania, el Mensajero romano destaca la ausencia de un mea culpa del pontífice. Der Spiegel en particular, fue particularmente hiriente al colocar en la portada bajo la foto del papa, el titular “El Infalible”. En el texto se destaca el fracaso del Pontífice en el manejo de las relaciones de la Iglesia con judíos y musulmanes, con muchos católicos y contra los mismos alemanes, que tan estaban orgullosos al momento de su elección.
En Italia los escándalos suman y siguen, porque a los numerosos y dramáticos casos de pedofilia, se suma el caso de Angelo Balducci, Ex Presidente del Consejo Nacional de Obras Públicas Italiano y Gentilhombre de su Santidad (Gentiluomo di Sua Santità, una especie de título), a quién un cantante del Coro di San Pietro de origen nigeriano, descrito como “religioso”, Chinedu Thomas Ehiem, le concertaba encuentros homosexuales pagados (Ver noticia de La Repubblica). Aunque las inclinaciones sexuales del Sr. Balducci, sean homo, bi o hetero no están al origen de sus desaventuras judiciales y son absolutamente legales, respetadas y permitidas, no es jurídicamente aceptable la incitación a la prostitución masculina que trasciende de la investigación en curso. Demás está decir que los honores de Balducci fueron retirados y el corista nigeriano perdió su trabajo, pero el escándalo se sumó a las otras historias.
Hace un par de semanas, en el entretecho de la antigua iglesia de la Santissima Trinità de la sureña ciudad de Potenza, fue descubierto el cadáver de la joven Elisa Claps, desaparecida en 1993 cuando tenía 16 años. El cuerpo momificado, está siendo analizado para tratar de descubrir la causa y el causante de su muerte. Sin embargo lo que la prensa destaca también en este caso que no pasaría de ser crónica negra, es el silencio cómplice del o de los sacerdotes. En efecto, el precedente párroco don Mimi Sabia, muerto en 2008, indicado como “muy cuidadoso en el periódico restauro de su iglesia” aparentemente nunca vio, supo ni dijo nada, habiéndose llevado cualquier secreto a la tumba. El actual vice párroco, don Vagno Silva, ha reconocido en cambio ante los investigadores que sabía de la existencia de los restos en ese lugar, al menos desde inicios de este año cuando fueron encontrados por dos mujeres de limpieza. En esa ocasión don Vagno tuvo la sangre fría de recoger los anteojos de la víctima y ponerlos cuidadosamente al lado del cadáver, pero tampoco dijo nada.
En la Gazetta del Mezzogiorno, se describe la Santissima Trinità como el “sitio del abismo“, o la “iglesia del horror“, que cataliza la indignación popular y “consume las vacilantes certezas de los católicos de la ciudad, ya muy dañadas por las revelaciones internacionales sobre los sacerdotes pedófilos y las inquietantes sospechas que se ciernen sobre el papel del clero en el caso de Elisa”. Hoy la iglesia está secuestrada por las autoridades judiciales.
La situación aparece cada vez más como una bola de nieve imposible de parar y que se acrecienta en cada giro. Se configura una batalla mediática entre la Iglesia por un lado, la que por sus portavoces más autorizados pide perdón y se deshace en explicaciones de porque no hizo lo que debía hacer e hizo lo que no debía hacer, y por otro lado quienes sostienen la necesidad de descubrir los casos y las responsabilidades pasivas o activas de cada uno.
Así por ejemplo, las palabras dichas por el Cardenal Bertone en su visita a Punta Arenas “Es un dolor grande del Santo Padre, ha sufrido mucho por estos casos de sacerdotes infieles a su vocación, a su misión”, se cruzan con la noticia dada apenas un par de días atrás por el semanario alemán Die Zeit el que acusa al mismo Cardenal Bertone de haber sido el principal responsable de ocultar los abusos cometidos contra 200 menores sordomudos por el sacerdote Lawrence Murphy. En un documento “secreto” reproducido por la revista y fechado 30 de mayo de 1998 cuando Bertone era Secretario de la Congregación para la Doctrina de la Fe (el ex-Santo Oficio) se sostiene que hubiera sido imposible actuar “en absoluto secreto sin difundir el escándalo”, ocultando la noticia para “evitar un escándalo [que dañara] a su jefe”, o sea al Cardenal Ratzinger, en esa época Prefecto, es decir la máxima autoridad de la Congregación.
En La Provincia de Lecco, Don Giorgio de Capitani, un cura que publica en Youtube, describe la situación como “un continuo bombardeo de noticias sobre la pedofilia de los sacerdotes. Cada día sale a la luz un nuevo escándalo que en fin de cuentas no es totalmente nuevo, visto que algunos lo sabían desde hace años. La opinión publica, trastornada, siente la necesidad de preguntar y de tener respuestas” que vayan más allá del lugar común. Don Giorgio reconoce que la jerarquía ha guardado silencio o incluso ha cubierto la situación, permitiendo que el crimen se extendiera, coincidiendo en esto con el Cardinale Simonis que en la televisión holandesa habría dicho “sabíamos y no hablamos” como apunta Il Levante On Line de Nápoles.
Todo deriva, según este diario, en que se sentía y se actuaba como si el delito de los sacerdotes fuera sólo un pecado, un pecado carnal cierto, pero un pecado en fin de cuentas, que se resolvía con penitencia y con el traslado a otra parroquia, bajo promesa de no caer más en la tentación. De ésta manera se configuraba un principio en que se perdía de vista quién era el imputado y quién el afectado. Era como si fuera al delincuente a quién había que proteger, y por lo tanto se lo ocultaba, justificaba y perdonaba.
Y sin embargo, lo que muchos católicos se preguntan hoy es porqué la pedofilia se puede perdonar y el aborto no, porque las relaciones pre o extra matrimoniales no, porque el preservativo no, porque los homosexuales no, porque el divorcio no...

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