Podría parecer un lugar común afirmar que el liberalismo se encuentra íntimamente relacionado con la política. Sin embargo, esto que parece obvio, encierra ideas o conceptos mucho más profundos puesto que la “política”, vista como “teoría” o como “ciencia”, se cruza siempre con puntos de vista éticos o doctrinales.[1]
Esta es la Introducción de un artículo publicado en: [http://rcci.net/globalizacion/2011/fg1158.htm]
De hecho, prácticamente todos los seres humanos - incluyendo los economistas y
los cientistas sociales o políticos - tienen una visión “de parte” por lo que no
siempre es fácil distinguir en una argumentación, los aspectos estrictamente “científicos”
y “teóricos” de los puntos de vista personales. Estos conceptos están estrechamente
relacionados con los
juicios de valor sobre la manera como debe funcionar la economía y la sociedad,
y en particular en el “debate entre más o
menos estado”, que tiene siempre connotaciones doctrinales más que
científicas, porque deriva de concepciones filosóficas.
Sobre esto es útil referirse a Isaiah Berlin (1980), por su importancia como pensador y filósofo liberal, quién en un famoso artículo publicado en 1980,[2] se interroga sobre la teoría política, cuando analiza la evolución del pensamiento humano a partir del enorme recipiente de ideas que ha sido y es la filosofía. Sostiene que existen tres grandes grupos de disciplinas científicas. Mientras dos de ellas permiten obtener respuestas claras, ya sea a partir de la observación empírica (las ciencias naturales por ejemplo), o mediante reglas o axiomas formales, de los cuales se deducen o calculan los resultados (el caso de las matemáticas), el tercer grupo no consigue resultados definitivos y exactos “ni [mediante] la inducción (en el sentido amplio del razonamiento científico), ni [por] la observación directa (apropiada para las cuestiones empíricas), [o por] la deducción (requerida por los problemas formales)”. Es el campo de las ciencias humanas o sociales como la sociología, la economía y la política, para las cuales no existen respuestas únicas porque están condicionadas a un sistema de valores que subyacen o anteceden al juicio científico o teórico. Se trata de argumentos que implican juicios de valor como la ética y la metafísica, las cuales no han salido aun del ámbito de la filosofía, por tratar de las relaciones entre los hombres, sus escalas de valores y sus formas de vida. El punto clave es, por lo tanto, la frontera entre lo que es la filosofía - política en este caso - y la ciencia. Las concepciones políticas en la sola perspectiva de las ciencias sociales como la antropología, la sociología o la psicología dan respuestas insuficientes, ya que implican aspectos que no puede ser interpretados a través de métodos empíricos, porque están relacionados o dependen de los modelos y los paradigmas por los cuales pensamos, decidimos, percibimos y juzgamos. La sociedad, la libertad, el sentido del tiempo y del cambio, el sufrimiento, la felicidad, la productividad, lo bueno o lo malo, lo correcto y lo incorrecto, las preferencias, el esfuerzo, la verdad, la interpretación, son todos conceptos que no son el resultado de un análisis inductivo o hipotético, sino claramente juicios de valor que en fin de cuentas, determinan el rumbo de las ciencias sociales y de la política.
Sobre esto es útil referirse a Isaiah Berlin (1980), por su importancia como pensador y filósofo liberal, quién en un famoso artículo publicado en 1980,[2] se interroga sobre la teoría política, cuando analiza la evolución del pensamiento humano a partir del enorme recipiente de ideas que ha sido y es la filosofía. Sostiene que existen tres grandes grupos de disciplinas científicas. Mientras dos de ellas permiten obtener respuestas claras, ya sea a partir de la observación empírica (las ciencias naturales por ejemplo), o mediante reglas o axiomas formales, de los cuales se deducen o calculan los resultados (el caso de las matemáticas), el tercer grupo no consigue resultados definitivos y exactos “ni [mediante] la inducción (en el sentido amplio del razonamiento científico), ni [por] la observación directa (apropiada para las cuestiones empíricas), [o por] la deducción (requerida por los problemas formales)”. Es el campo de las ciencias humanas o sociales como la sociología, la economía y la política, para las cuales no existen respuestas únicas porque están condicionadas a un sistema de valores que subyacen o anteceden al juicio científico o teórico. Se trata de argumentos que implican juicios de valor como la ética y la metafísica, las cuales no han salido aun del ámbito de la filosofía, por tratar de las relaciones entre los hombres, sus escalas de valores y sus formas de vida. El punto clave es, por lo tanto, la frontera entre lo que es la filosofía - política en este caso - y la ciencia. Las concepciones políticas en la sola perspectiva de las ciencias sociales como la antropología, la sociología o la psicología dan respuestas insuficientes, ya que implican aspectos que no puede ser interpretados a través de métodos empíricos, porque están relacionados o dependen de los modelos y los paradigmas por los cuales pensamos, decidimos, percibimos y juzgamos. La sociedad, la libertad, el sentido del tiempo y del cambio, el sufrimiento, la felicidad, la productividad, lo bueno o lo malo, lo correcto y lo incorrecto, las preferencias, el esfuerzo, la verdad, la interpretación, son todos conceptos que no son el resultado de un análisis inductivo o hipotético, sino claramente juicios de valor que en fin de cuentas, determinan el rumbo de las ciencias sociales y de la política.
Así como las bases conceptuales del liberalismo son
filosóficas, lo son también las del marxismo. La argumentación generalmente
aceptada de que el socialismo nace como oposición al liberalismo, tiene en
realidad, raíces más profundas y deriva de una concepción ideológica que opone
al hombre como individuo, frente al hombre como ser gregario (social). Ambas
concepciones metafísicas llevan, en su aplicación practica, a introducirse en
los mecanismos de la política, asociados a los esquemas económicos específicos
que cada doctrina sustenta. Es por esto que hablar de liberalismo o de socialismo
conlleva necesariamente, a hablar de la economía a través de la política. Siendo
ésta la ciencia (o el arte) del poder
y de cómo mantenerse en él, no tendría sentido estudiarla sin considerar los
elementos económicos, aunque solo sea en la perspectiva de financiar el costo
de conservarlo. Y sin embargo se observa, en general, al menos en los aspectos
formales, una aparente dicotomía entre la teoría
(o ciencia) política y la economía,[3] puesto que los economistas - liberales y también los marxistas - tienden a
tratar ambas como si se tratara de temas que siguen un binario separado y no
relacionado. La economía política como
amalgama de ambas, debe considerar el modelo político (monarquía autoritaria,
dictadura, democracia, etc.) en el cual se pueden (o no se pueden) aplicar los modelos
económicos, tanto más cuando algunos de estos, en sus formas más ortodoxas, solo
pueden darse en condiciones políticas especiales. [4]
Se trata en resumen de elucubrar sobre el hilo conductor que nos lleva de la filosofía política (que incluye las grandes cuestiones éticas o metafísicas con respuestas no unívocas), a la ciencia política (como gran contenedor científico donde se plasman las ideas filosóficas y empíricas), para pasar a la o las teorías políticas (que serían los modelos por los cuales se busca interpretar el comportamiento “político” de los individuos o del grupo), para llegar a la ciencia económica pura, mediante la economía política, que interpreta o aplica de manera doctrinal las hipótesis (o teorías) económicas.
Se trata en resumen de elucubrar sobre el hilo conductor que nos lleva de la filosofía política (que incluye las grandes cuestiones éticas o metafísicas con respuestas no unívocas), a la ciencia política (como gran contenedor científico donde se plasman las ideas filosóficas y empíricas), para pasar a la o las teorías políticas (que serían los modelos por los cuales se busca interpretar el comportamiento “político” de los individuos o del grupo), para llegar a la ciencia económica pura, mediante la economía política, que interpreta o aplica de manera doctrinal las hipótesis (o teorías) económicas.

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