Que
Chile es un extraño país, no cabe duda.
Que
los chilenos tienen mala memoria, tampoco.
Recuerdo…
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Hace
ya unos seis años, un importante personaje de la sociedad chilena – muy
religioso según se dice - quiso vengarse del supuesto amante de su mujer, para
lo cual preparó, con mucho cuidado y antelación, un atentado.
El
día de los hechos, el delincuente se introdujo en la casa del supuesto amante
acompañado de dos secuaces. Según informa la crónica uno de ellos era su chofer
personal y el otro un asesino a sueldo, ex funcionario de FFEE de Carabineros,
quien ya había sido condenado por ejecutar a un narco por encargo de otro
mafioso.
Los
tres se hicieron pasar dentro de la casa por su propietario. Poniendo en marcha
el plan, a la fuerza lo amarraron a lecho, le dispararon y luego lo rociaron con
parafina. El mismo benemérito personaje le aplicó fuego, con tan mala suerte que
sus propias ropas cogieron fuego y escapó en llamas, mientras los cómplices solo
sufrieron heridas menores.
Pocos
días después, el asesino murió como consecuencia de las quemaduras en una
clínica de la capital.
El
personaje de marras se llamaba Esteban Gerardo Rocha Vera y era el presidente y
fundador de la Universidad Santo Tomás.
Un
par de años después, la Corporación Santo Tomás realizó un homenaje a su
fundador en una ceremonia que tuvo lugar en todas las sedes de la entidad. En
esa ocasión, se inauguró además una escultura inspirada en las palabras escritas
por el propio Rocha.
Obviamente
el delincuente Rocha Vera no era mapuche.
Es
una verdad el que todos los muertos son iguales y
todos merecen respeto.
Lo
que no es igual es la valoración del delito y, sobre todo,
la calificación del delincuente.
Unos hacen perro muerto y se van sin pagar, otros
merecen homenajes; otros enfin, pobles diablos ellos, sólo escarnio de la
sociedad.
En todo esto se demuestra que somos sólo marionetas de nuestras propias
subjetividades.

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