30 de julio de 2018

Sin ofensa para ustedes y ustedas, incluyendo guaguos y guaguas

Ante la ola deformante del lenguaje sexista o antisexista, me permití interpelar a la Academia de la Lengua Española sobre el tema. Primero pongo mi pregunta y luego la respuesta recibida.

Pregunta:

Nombre y apellidos: José Luis Pizarro Theiler
Nivel de estudios: Superiores

Profesión: Ingeniero agrónomo
País de origen: Chile
Consulta: "Hoy está de moda esto de la "paridad de género", en una perspectiva anti 'machista': Ejemplos: No se debe decir sólo señores, se debe decir señoras y señores.
No se debe decir sólo niños, sino niñas y niños.
No se debe decir sólo compañeros, sino compañeras y compañeros.
Y así, suma y sigue...
Mi consulta es sobre la regla oficial:
1. ¿Es necesario decir el femenino primero?: Señoras, niñas, compañeras, etc., como diría alguien, por "respeto", lo que ya implica un poco de "machismo".
2. ¿Es siempre obligatorio referirse a ambos  géneros? o el "masculino" y/o "femenino" sirve de genérico.
Entre nosotros (Arg., Bol., Col., Ec. Chile y Perú) se usa guagua (femenino) para referirse a un "niño (a) de pecho", término de origen quechua aceptado por la RAE. Como es femenino por naturaleza, ¿Habría que decir guaguas y guaguos?
Gracias por cualquier aclaración.


Respuesta:

Estimado Sr. Pizarro:
Le sugerimos la lectura de los apartados 2.2f-l de la Nueva gramática de la lengua española (RAE y ASALE, 2009:
En relación con su consulta, nos complace remitirle la siguiente información.
Como es sabido, con el loable fin de poner coto al supuesto sexismo que entrañaría el uso del masculino como género no marcado, está proliferando en el lenguaje político y administrativo de todo el ámbito hispánico el desdoblamiento genérico indiscriminado (los niños y las niñas; los alumnos y las alumnas; concejales y concejalas; todos y todas). El intento de mantener con constancia ese recurso, engorroso y poco ágil, puede desembocar en situaciones artificiosas, irresolubles sin contravenir normas gramaticales básicas (las y los estudiantes); por otra parte, el uso sistemático de estas expresiones desdobladas anula la posibilidad de que funcionen distintivamente cuando la presencia explícita de ambos géneros constituye un factor relevante desde el punto de vista semántico, como ocurre en los siguientes ejemplos: La proporción de alumnos y alumnas en las aulas se ha ido invirtiendo progresivamente; En las actividades deportivas deberán participar por igual los alumnos y las alumnas.
Todos estos inconvenientes han hecho que se ensayen otras soluciones más imaginativas, como el empleo de la arroba (@) o las letras e en lugar del segmento genérico de sustantivos y adjetivos, o como la sustitución, más o menos forzada, de los sintagmas desdoblados por colectivos del tipo ciudadanía, profesorado alumnado. En primer lugar, debe tenerse en cuenta que la arroba no es un signo lingüístico y, por ello, su uso en estos casos es inadmisible desde el punto de vista normativo; a esto se añade la imposibilidad de aplicar esta fórmula integradora en muchos casos sin dar lugar a graves inconsistencias, como ocurre en Día del niñ@, donde la contracción del solo es válida para el masculino niño. En cuanto al uso de la letra x como morfema (entre consonantes: todxs, lxs), tiene el principal inconveniente de que no puede leerse, ya que, actualmente, representa la secuencia fónica /ks/. Y, respecto de la letra empleada como morfema de género (todes), podemos decirle que no forma parte de nuestro sistema morfológico para abarcar los dos géneros; más bien, se emplea como morfema de género masculino en algunos casos, como en los derivados aumentativos:
grande: grand-ot-e (masculino), grand-ot-a (femenino); muñeco: muñec-ot-e (masculino), muñeca: muñecota (femenino). 
 
El uso genérico del masculino gramatical se basa en su condición de término no marcado en la oposición binaria masculino/femenino. En lingüística, la expresión «no marcado» alude al término que opera cuando la distinción en la que se basa una oposición de este tipo queda inactiva; dicho de otro modo: cuando no es relevante la distinción, el sistema determina el uso de uno de los dos términos, que pasa a incluir también, en su referencia, el subconjunto designado por el término marcado (el femenino, en el caso de la oposición de género). Esta es la razón de que en los sustantivos que designan seres animados, el masculino gramatical no solo se emplee para referirse a los individuos de sexo masculino, sino también para designar la clase, esto es, a todos los individuos de la especie, sin distinción de sexos. Por tanto, en oraciones como El profesor de secundaria suele estar muy estresado El gato es un buen animal de compañía se está aludiendo a la clase de los docentes o de los gatos en general, englobando en esta designación a todos los individuos de la clase, sin distinción de sexo. También se anula la oposición cuando sustantivos de este tipo se emplean en plural, pudiendo incluir en su designación a seres de uno y otro sexo: Los hombres prehistóricos se vestían con pieles de animales; En mi barrio hay muchos gatos (de la referencia no quedan excluidas, como es obvio, ni las mujeres prehistóricas ni las gatas); Los alumnos y los profesores celebrarán una reunión extraordinaria. 
En definitiva, aunque, en general, el desdoblamiento de género no es incorrecto desde el punto de vista gramatical, es innecesario y poco recomendable. Por lo tanto, para referirse a un colectivo mixto o aludir a la totalidad de un conjunto de personas que constituyen una clase, en la que la distinción de sexo no es relevante, lo normal y recomendable es emplear el masculino como género no marcado: todos, amigos, ciudadanos, alumnos, niños, etc. En el caso particular que plantea, el sustantivo guagua es, en efecto, un epiceno femenino, de modo que no hay motivo para forzar su caracterización genérica; debe decirse, por tanto, la guagua / las guaguas.
Por otra parte, la doble mención de sustantivos se ha hecho general en ciertos uso vocativos en los que el desdoblamiento se interpreta como señal de cortesía: señoras y señoresamigos y amigas, etc., acaso por extensión de la fórmula damas y caballeros, que coordina los dos miembros de una oposición heteronímica. Dichos desdoblamientos se emplean como fórmulas y se consideran válidos en determinados contextos, particularmente en alocuciones públicas, discursos, conferencias, presentaciones de espectáculos o en medios de comunicación audiovisuales.
[http://aplica.rae.es/grweb/cgi-bin/v.cgi?i=gGApYzEYQzKjgvZh]
así como de un artículo sobre esta cuestión firmado por el académico don Ignacio Bosque
[http://www.rae.es/sites/default/files/Bosque_sexismo_linguistico.pdf]

         Reciba un cordial saludo.    

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